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«El poder del futuro que cultiva la cocina», capítulo 6: Las seis fuerzas del futuro

Mientras escribía hasta aquí, he pensado lo mismo una y otra vez.

¿Qué se habrán llevado esas personas?

He ido recordando uno por uno y los he anotado. Aunque parecía que había tantos objetos como personas, en realidad no había tanta variedad.


Cuando los conté, resultaron ser seis.


Lo primero es la capacidad de tomar decisiones por uno mismo.


Abro la nevera y decido qué voy a cenar esta noche. Pruebo a cambiar uno de los ingredientes de la sopa de miso. En algo tan sencillo como eso reside este poder. Antes de preguntarle a nadie cuál es la respuesta correcta, elijo por mí misma y tomo la decisión. La cocina era uno de los pocos lugares de la vida cotidiana donde podía hacerlo sin necesidad de que nadie me diera su aprobación.


 


La segunda es la capacidad de imaginar.


Imagino el rostro de quien va a comerlo y decido el sabor. Pienso en la consistencia y la temperatura para alguien que aún no sabe hablar. Imagino la mesa dentro de una hora y enciendo el fuego ahora mismo. La cocina nos hace imaginar, casi a diario, cosas que no tenemos delante.


 


En tercer lugar, la capacidad de probar cosas nuevas.


Sin saber muy bien qué pasa, agito la botella de plástico. Para saber qué ocurre al exprimir un limón, lo exprimo y compruebo qué pasa. No se trata de investigar antes de actuar, sino de actuar para descubrirlo. La cocina es un ámbito en el que el riesgo de probar cosas nuevas es mínimo. Por eso, aquí la gente se atreve a aventurarse en lo desconocido.


 


En cuarto lugar, la capacidad para recuperarse de los fracasos.


Diluir la sopa de miso que ha quedado demasiado espesa. Añadir algo a un guiso cuyo sabor no acaba de cuajar. Convertir el error de hoy en una idea para mañana. No se trata de borrar los errores, sino de crear el futuro a partir de ellos. Para desarrollar esta capacidad, se necesita un lugar donde los errores no supongan el fin.


 


En quinto lugar, la capacidad de llegar a los demás.


Lo que preparo acaba en el estómago de alguien y recibo una respuesta. La cocina me regala cada día la experiencia de saber que lo que he hecho ha llegado a alguien.


La capacidad de llegar a los demás no consiste solo en saber crear bien. Es esa fuerza que surge al sentir que algo creado por uno mismo ha llegado a alguien y que impulsa a intentar volver a hacerlo. Esa sensación se va cultivando a medida que se acumulan las experiencias de haber llegado a los demás.


 


El sexto es la capacidad de abrir el camino hacia el futuro.


Adaptar en mi propia cocina los sabores que me han enseñado. Algún día, transmitiré mi propia forma de hacer las cosas a otra persona. Al igual que hay cosas que se han ido transmitiendo de generación en generación —de la abuela a la madre, de la madre a los hijos— sin llegar a convertirse en recetas. Cocinar es una actividad que no termina con el simple hecho de aprender. Quienes lo han aprendido, sin que nadie se lo pidiera, han pasado a ser los que lo transmiten.


 

 


Estas seis cosas no son un boletín de notas. Tampoco son una lista de control. En cuanto a los nombres, no pasa nada si los olvidas una vez que hayas terminado de leer. Lo importante son todas y cada una de esas situaciones que he vivido en la cocina.


Además, estas seis cualidades no se desarrollan necesariamente solo a través de la cocina. Ya sea en el campo o tocando un instrumento, quien tiene talento, lo desarrollará. Tampoco hay garantía de que, por el mero hecho de cocinar, uno vaya a desarrollarlas.

 


Y, una vez que terminé de colocarlas las seis, me di cuenta de algo.


De estas seis cosas, ninguna la he aportado yo desde fuera.


Le he explicado los pasos a seguir. Sin embargo, tanto el deseo de tomar una decisión como el de probar algo, así como la pregunta «¿por qué?», ya estaban presentes en esa persona antes incluso de que yo le enseñara nada. Lo mismo ocurre con el impulso de recuperarse de un fracaso y con el deseo de transmitir algo a alguien.


Decir que la cocina forma a las personas no significaba dotarles de nuevas capacidades desde fuera. Se trataba de sacar a la luz el potencial que las personas ya poseían de por sí y hacer que pudieran utilizarlo una y otra vez.


 


Ahora que lo pienso, quizá lo que he hecho durante estos veinte años haya sido crear situaciones en las que la perspectiva cambie y espacios en los que la fuerza pueda manifestarse hacia el exterior.


Cuando cambia la forma de ver las cosas, las personas toman sus propias decisiones, imaginan, prueban, se recuperan de los fracasos, transmiten sus ideas a los demás y empiezan a compartirlas. La cocina cultivaba cada uno de esos aspectos.


 


A estas seis cosas me gustaría llamarlas «las fuerzas del futuro».


Porque ya ha comenzado una época en la que se puede comer sin tener que cocinar.

La comodidad nos libera de muchas cargas. Sin embargo, al mismo tiempo, las oportunidades para tomar decisiones, para probar cosas nuevas y para fracasar y volver a levantarnos van disminuyendo poco a poco en nuestra vida cotidiana.

Si no la usas, la fuerza no se desarrolla.


Decidir, imaginar, probar, rehacer, transmitir, conectar. Todas ellas son cosas que, precisamente en los tiempos que se avecinan, resultarán imprescindibles.


Sin embargo, ¿esta habilidad que he desarrollado en la cocina debe limitarse únicamente al ámbito de la cocina? ¿Hasta dónde puede llegar más allá de ese espacio?


TERUMI ISHIBASHI

FARM8 co.ltd.,

Siguiente capítulo: «El poder del futuro que cultiva la cocina», capítulo 7: «Sabores que no llegan muy lejos»

*Este artículo ha sido traducido automáticamente.

TERUMI ISHIBASHI Japan

Dietista-nutricionista. Directora ejecutiva de FARM8, S.A.

Durante muchos años ha trabajado en el ámbito de la alimentación, en áreas como la restauración en guarderías, clases de cocina, cursos de educación alimentaria y desarrollo de productos.
Ha creado espacios en los que personas de todas las edades, desde niños hasta adultos, pueden cocinar, y ha sido testigo de los cambios que se han producido.
Actualmente, en la sociedad anónima FARM8, se dedica al desarrollo de productos que aprovechan los ingredientes locales y la cultura de la fermentación.