Para terminar, permítanme contarles un poco sobre mí.
He pasado mucho tiempo en el mundo de la gastronomía. He dedicado gran parte de mi vida a la cocina y a estar cerca de quienes la disfrutan. Quiero compartir con alguien, ahora que aún puedo, lo que he podido ver desde ese lugar. Esa es la única razón por la que he escrito este libro.
Mientras escribía, mi mano se detuvo varias veces.
Por un lado, me asalta la duda de si no estaré hablando de la cocina de forma demasiado grandilocuente.La cocina es un modesto trabajo manual cotidiano. Al proclamar que es «fuerza» o «futuro», ¿no estaré alejando precisamente esos gestos sencillos que, en realidad, deberían ser los protagonistas? Mientras escribía y borraba, borraba y volvía a escribir, eso me preocupaba constantemente.
Tenía otra duda.
Hay personas que, aunque quieran cocinar, no pueden hacerlo. Hay personas a las que, aunque quieras darles de comer, no comen. Sé que, cuando uno llega al límite emocional, todo se paraliza. Por eso me cuesta mucho hablar, con aire de experta, de temas nutricionales tan trillados.
Espero que este libro no sirva para acorralar a nadie. Eso es lo único en lo que he procurado tener cuidado hasta el final.
Aun así, he podido terminarlo gracias a las personas que aparecen aquí.
Todas esas situaciones no forman parte de una historia inventada por mí. Yo solo estaba allí. Más bien, era yo quien estaba aprendiendo.
Los niños que agitaban botellas de plástico hasta que se les cansaban los brazos y las personas que se marchaban diciendo que lo probarían en casa nos fueron mostrando poco a poco, mientras trabajaban con las manos, la respuesta a la pregunta de qué es, en realidad, cocinar.
Ahora que he terminado de escribir, hay algo en lo que pienso.
Quiero decidirlo. Quiero probarlo. Quiero hacérselo llegar a alguien. Yo solo me limitaba a observar de cerca aquel pequeño brote.
Por eso, no quiero que se te dé bien cocinar. Tampoco quiero que te guste.
Sin embargo, si el número de momentos del día en los que pienso «voy a intentarlo por mí mismo» aumenta, aunque sea solo un poco, eso ya es suficiente.
Creo que esa pequeña semilla que nos impulsa a ponernos en marcha ya está dentro de nosotros desde el principio.
Ojalá que hoy también, en alguna cocina, esté empezando algo pequeño.
TERUMI ISHIBASHI
FARM8 co.ltd.,